Escritura automática

En 10th hemos hablado de las vanguardias artísticas y literarias y, para ponernos en situación, nos hemos atrevido con un ejercicio de escritura automática, tècnica propia del surrealismo. Los autores solo han tenido tres minutos para escribir, por sorpresa y sin preparación, lo primero que les ha pasado por la cabeza.

 

Corren y juegan  y vuelven a correr. No saben qué hacer. Vuelven a pensar pero no saben pensar. Escriben y dibujan y algo abstracto que crean les llena la cabeza y la mente y la cabeza y el cuerpo entero. Son únicos, raros y sencillos, pero en el mismo instante en que pensamos ver una obra de arte, en realidad vemos algo peor que un desastre, alocado y malcriado, deforme y grotesco, absurdo y sin sentido todo metido en una bolsa y agitado hasta que…

Santiago Gallego (10th)

La clase húmeda y asolada,
no es la araña la que observa,
sino el profesor impaciente
lleno y abastecido de aguardiente.
Ahora ya no me siento del todo
estremecido, me siento mal,
me siento dormido.
El bolígrafo recorre una carretera
sin fin, un antro de cucarachas
con libros y el árbol talado
por su hacha. De la carrera
el término llegó, pues no hay nada
más que hojas mojadas, porque
nadie las mira, nadie las obedece.
Es algo parecido al fuego, el grado 451,
la temperatura perfecta. Pero no es
perfecta sino horrenda.

Diego Jaureguízar (10th)

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Creadores 1

En las entradas “Creadores” queremos difundir el trabajo de los artistas ocultos entre nosotros.

Empezamos con el blog de poesía de Santiago Gallego y Guillermo Madrigal, de 10th grade,  El rincón de los poetas.

Los autores se presentan así: “Estos días hemos estado pensando en reunir todos nuestros poemas ya creados. Somos principiantes en este arte, pero aspiramos a mucho más; siempre con vuestra ayuda. Esperamos que los mensajes ocultos en nuestros diversos poemas os lleguen, y que podamos compartir nuestros sentimientos con vosotros…”. Así que no dejéis de entrar…

Os dejo aquí dos de los textos que podéis leer en el blog y que a mí me gustan especialmente.

La luz de la Fe

La luz de una vela
que peligrosamente titila,
con la tentación de caer en la Oscuridad.

Una ráfaga de viento,
que arriesga con cegarte,
con dejarte a oscuras,
lejos de la verdadera Luz.

Una gota no deseada
de oscura y negra tinta,
que cae con súbito estrépito,
mancillando las páginas blancas de la Vida.

Polvo modesto
que ensucia y esconde,
la belleza y el esplendor
de antaño Templo de mármol.

Santiago Gallego

***

La vergüenza, un espasmo
El amor, un desafío
Vil cordura, locura impía
Y al final, silencio

Guillermo Madrigal

Románticos versus realistas

A partir de una de estas dos fotografías, la propuesta era escribir dos textos: uno romántico y otro realista. Al final, deberíamos poder identificar en ambos los rasgos de estilo de estos dos movimientos artísticos del XIX.

Sobre las fotografías: la primera es Marylin Monroe fotografiada, en 1960, durante el rodaje de Vidas rebeldes, por Cornell Cappa, de la Agencia Magnum. La segunda se llama “Ellen Terry at Age Sixteen” (1864), de la fotógrafa del XIX Julia Margaret Cameron.

Estos son algunos de vuestros textos:

Cuando embravecidas las olas
golpean las rocas,
retumban los recuerdos
en mi pecho nostálgico.

Ilusa de mí al creer tus canciones
que el viento marino arrastró consigo.

Pasó la luz alegre que a mi alma
mimaba.

¿Volverá ésta sin demora
suave y dulce
como la arena y las olas?

Dormir para no sufrir
junto al consuelo
de un oleaje que
igual que sonríe, engaña.

Corría el verano del 70… Anabel comenzaba unas vacaciones que prometían grandes conquistas. Sus padres le habían advertido sobre los peligros de los hombres y los desamores. Ella respondía: “Ya lo sé, papa… No sigas”. Conoció a su primer amor de verano, el amor de su vida. Nunca había sentido nada parecido: todo en este mundo ahora era posible junto a él. Llegaba el fin de estos días y poco a poco el distanciamiento fue aumentando, sin comprender por qué. Ella insistía en continuar la relación. Pero recibió la noticia como un cubo de agua helada. “Se acabó”, dijo él. “A lo mejor el año que viene volveremos a encontrarnos.”

Alejandra de la Lastra Goyarrola (10th)

 

Triste me dejaste
en medio de la noche oscura y melancólica.
Lágrimas rodando por mis rosadas mejillas,
sollozando por tu ausencia.
¿Algún día volverás,
o en vano te esperaré?
¿Por qué tu falta tanto me está matando,
si lo único que me has dado fue sufrimiento?
Siento que mi alma poco a poco se está apagando,
como una hoguera en medio de la tempestad.
Mi cuerpo está doliendo
de amargura y soledad.
¿Será que algún día no te echaré más de menos,
o así eternamente viviré?

Fue en el bar que frecuentaba cada noche donde la vi por primera y única vez. Era una mujer joven, tal vez tendría unos veintisiete años. Llevaba puesto un vestido blanco como la nieve en la cima de la montaña más alta y sus tacones eran carmín como sus labios. Lloraba con mucho dolor, como si algo terrible le hubiese pasado. El maquillaje de sus ojos caía junto a sus lágrimas transparentes y su cabello rubio caía adrede sobre su cara para tapar su infelicidad.
En un momento, llamó al camarero y le pidió otra copa. Esta sería la quinta de aquella noche. Era como si quisiera olvidar de algo. Una vez que se la bebió por completo con la mirada fija en un espejo que le devolvía su triste imagen, comenzó a llorar nuevamente. Al pedir la cuenta, se levantó bruscamente y se encaminó hacia la salida. Aquella fue la última vez que la vi.

Malena Munizaga  (10th)

 

Tus palabras queman, aunque antes eran un bálsamo
Tu mirada hiela, aunque antes me infundía calor
Tu boca ya no habla, aunque antes tus palabras eran dulces
Y todo por un desliz, un fallo, un error, una flecha que yerra un blanco seguro
Un blanco antes rojo, pero ahora negro
Antes cálido, y ahora frío
Antes blando, y ahora duro
Un blanco ahora inalcanzable, protegido por una muralla de dolor y resentimiento
Protegido por acero el armazón
Y el corazón de los sentimientos

Se sentó en la cama y fijó su mirada en el suelo. Distinguía la silueta de una foto, pero las lágrimas le impedían verla. La recogió y se secó las lágrimas con su pañuelo, haciendo que la imagen se pudiese ver con más claridad. En ella aparecían su novio y ella, riéndose y haciendo muecas. Volvió a llorar, y abrazó la foto con fuerza. Era lo único que le quedaba, aparte de sus recuerdos, y no todos eran tan alegres como hubiese deseado. Desolada, miró por la pequeña ventana y se imaginó lo que hubiese pasado si le hubiera dicho la verdad. Se habría librado de muchos celos y problemas. Se sentía sola, y eso la aterraba.

Guillermo Madrigal Príncipe (10th)